Escribir es una forma de explotar la creatividad de uno
mismo. Hay muchas otras, claro. Como ya sabéis (porque lo he dicho por activa y
por pasiva) me encanta hacer cositas creativas. Pero la inspiración no siempre
llega cuando la esperas. Además, y haciendo
alusión a mis queridos Beatles, I´m gonna try with a little help from my
friends. Así que os propongo hacer un poquito de trampas en este ejercicio de creatividad.
¿No sería genial escribir una historia entre todos? ¿Cómo te
gustaría que fuera TU historia perfecta?
No sé si será de esas que te cautivan desde
la primera línea o si el hilo
argumental llegará a tener algún sentido lógico. Tampoco puedo prometer que os
gustará, si os hará reír o llorar. Lo que sí puedo decir es que será una
historia creada a partir de ideas compartidas y, por tanto, con una
buena dosis de cooperación.
Cada mes (y si nada me lo impide) os iré colgando partes de la historia y pidiendo
más ideas a medida que se me acaben.
Y la historia empieza así...
Adela
Cuando esa mañana Adela entreabrió
los ojos no era porque ya no tuviera sueño. Siempre ha sido de dormir muchas
horas. Suele decir que no es que sea perezosa sino que le gusta soñar. Precisamente
cuando estaba en el mejor momento de su fantasía el canto de un gallo le
despertó. ¿Un gallo?, pensó. ¿Quién tendría un gallo en pleno centro de
Barcelona? Todavía con las legañas amontonadas en los ojos pudo ver una sombra
en la ventana, que estaba abierta por el sofocante calor que había estado haciendo
durante todo el mes. Por la radio decían que era el verano más caluroso de los
últimos diez años, aunque a ella todos le parecían igual de asfixiantes. ¿Por
qué diablos sus padres no habían invertido en una casita cerca del mar? Si así
fuera, no tendría que estar encerrada en aquel dichoso quinto piso en pleno mes
de agosto y sin aire acondicionado. Si al menos le hubieran dejado ir de viaje a
la India con su amiga… Los padres de Lucía eran otra cosa. Siempre le permitían
hacer de todo. Según sus propias palabras, Lucía debía aprender de sus errores
y, al fin y al cabo, siempre les había demostrado ser una chica responsable. ¡Pero
Adela también era responsable! ¿No era suficiente haber aprobado el
bachillerato, el científico, como sus padres querían, hacer de canguro del hijo
mimado de los del cuarto cada tarde y cuidar de su gatita Enredos? Sentía que
le trataban como si todavía fuera una niña. Pero ella soñaba con vivir
aventuras, conocer mundo, probar cosas nuevas…
Se frotó rápidamente los ojos para
quitarse los restos de los sueños y allí le vio. De pie, en el marco de la
ventana con aire de emperador. Efectivamente, era un gallo. Pero, ¿qué…? ¿Cómo…?
¿Quién…? Adela parpadeaba sin parar y sin conseguir entender qué estaba
pasando. ¿Estaría soñando todavía? Miró a la derecha, hacia la mesita de noche,
para ver la hora. Las diez de la mañana. ¿A qué gallo se le ocurre cantar a
esas horas?, pensó. Y de pronto reparó en el sobre que estaba junto al
despertador. Tenía su nombre escrito en letras azules. Seguramente allí estaban
todas las respuestas a esa extraña mañana. Lo abrió entre entusiasmada y
asustada. En su interior había un tarjetón blanco en el que sólo ponía “¿Preparada
para la mejor aventura de tu vida?”. Nada más. Ni un nombre, ni una
explicación, nada. ¡Espera! En la parte de atrás del tarjetón ponía algo en
letras minúsculas. Aunque con un poco de dificultad consiguió leer “mira por la
ventana”. Lentamente se levantó de la cama para dirigirse hacia el gallo. Descalza
y con su pijama de verano de ositos iba dando pequeños pasos. No era el conjunto
más adecuado para recibir a la mejor aventura de su vida, la verdad. Pero es
que le encantaba ese pijama. Se lo había regalado su abuela cuando cumplió 17 años,
hacía ya 11 meses. La abuela Pilar era de las de verdad. Cada viernes le
llevaba natillas caseras, las mejores del mundo, le pellizcaba los mofletes
cada vez que le veía y se empeñaba en peinarle los rizos con agua de Nenuco. Era
su nieta preferida. La única. El pijama de ositos le recordaba a ella y le
ayudaba a extrañarle un poquito menos. Ese cumpleaños fue el último que celebró
junto a su abuela. Poco después el corazón de Pilar decidió dejar de latir. Fue una marcha
rápida, sin dolor. El dolor sólo quedó en sus corazones. Si hubiera podido
darle un último abrazo… Pero esa semana Adela estaba fuera. Era la última antes
de volver al instituto y Lucía le había invitado a su casa de San Pol de Mar.
Faltaba un día para volver a Barcelona cuando su madre le llamó. La echaba
tanto de menos…
Adela iba dando palmas para
ahuyentar al gallo, que seguía parado en el marco de la ventana como si nada. Lo
intentó entonces con sonidos extraños y gañotas. Cuando ya casi estaba frente
al animal, decidió salir volando. Sí, sí, volando. No es que Adela fuera la
mejor en naturales, pero creía recordar que la profesora les había explicado
que los gallos no vuelan, por lo menos no a una altura de un quinto piso. ¿Qué
clase de gallo sería ese? Se había entretenido siguiendo el vuelo de la extraña
ave y olvidó mirar hacia la calle para descubrir la sorpresa que le deparaba la
mañana de ese peculiar sábado. Cuando bajó la mirada no podía creer lo que
estaba viendo…
Continuará.
¿Qué vio Adela? (Pon en un comentario tu propuesta)
Imagen de Qué mona! http://itsoops.blogspot.com.es/







