domingo, 3 de marzo de 2013

Me declaro una romántica



Soy una romántica empedernida, no puedo evitarlo. Lo he sido siempre, ya desde pequeñita. Y lo digo bien alto porque, la verdad, disfruto siéndolo. Cursi, ñoña, sentimental, tierna, apasionada. Ponedle el adjetivo que más os apetezca. Los que también tengáis ese lado romántico desarrollado (seguro que la mayoría sois mujeres) entenderéis que resulta imposible hacerle frente. Cuando pienso en un libro, una canción o una película,  inevitablemente me viene a la mente una historia de esas que te hacen llorar de bonitas que son. Y sí, estoy en uno de esos días en los que me pasaría las horas en casa, con una mantita de lana y un té bien caliente viendo películas hasta que no me quede ni una lágrima por llorar. 


¿No os encanta esa sensación que os encoge el alma cuando estáis frente a una situación realmente romántica? Sientes ligeras punzadas que se amontonan en el estómago como un torbellino hasta que sale disparado por el esófago, pasa por la altura del pecho, intensificándose aún más, llega a la faringe y allí empieza a revolotear hasta que, sin poder evitar más la presión, sale disparado en forma de lágrimas. Entonces ya no hay marcha atrás. 


Hoy sencillamente he querido recordar algunas de mis historias preferidas… 



-Puedo ser divertido, si quieres. O pensativo o listo o supersticioso. Dime lo que quieres y lo seré para ti.  
-Eres tonto  
-… lo podría ser.





-Es curioso lo que un joven recuerda. Porque yo no recuerdo haber nacido, no recuerdo lo que me regalaron para mi primera Navidad y no recuerdo dónde fui en mi primer pic-nic. Pero sí recuerdo la primera vez que escuché la voz más dulce de todo el mundo.





-¿y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo?
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
–Toda la vida.






-Mis labios, peregrinos ruborizados, quisieran hacer penitencia con un dulce beso. Así quedan mis labios limpios de pecado por los tuyos.

-¿Entonces los míos tienen ahora el pecado?

-¿Pecado de mis labios? Me reprochas con dulzura, devuélveme mi peca
do.



-¿Lo lamentas? Yo no. No lamento nada de lo que he hecho, ni siquiera lamento quererte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario