Soy una romántica empedernida, no
puedo evitarlo. Lo he sido siempre, ya desde pequeñita. Y lo digo bien alto
porque, la verdad, disfruto siéndolo. Cursi, ñoña, sentimental, tierna,
apasionada. Ponedle el adjetivo que más os apetezca. Los que también tengáis
ese lado romántico desarrollado (seguro que la mayoría sois mujeres) entenderéis
que resulta imposible hacerle frente. Cuando pienso en un libro, una canción o
una película, inevitablemente me viene a
la mente una historia de esas que te hacen llorar de bonitas que son. Y sí,
estoy en uno de esos días en los que me pasaría las horas en casa, con una
mantita de lana y un té bien caliente viendo películas hasta que no me quede ni
una lágrima por llorar.
¿No os encanta esa sensación que os
encoge el alma cuando estáis frente a una situación realmente romántica?
Sientes ligeras punzadas que se amontonan en el estómago como un torbellino
hasta que sale disparado por el esófago, pasa por la altura del pecho, intensificándose
aún más, llega a la faringe y allí empieza a revolotear hasta que, sin poder
evitar más la presión, sale disparado en forma de lágrimas. Entonces ya no hay
marcha atrás.
Hoy sencillamente he querido
recordar algunas de mis historias preferidas…
-Puedo ser divertido, si quieres. O
pensativo o listo o supersticioso. Dime lo que quieres y lo seré para ti.
-Eres tonto
-… lo podría ser.
-Eres tonto
-… lo podría ser.
-Es curioso lo que un joven recuerda. Porque yo no recuerdo haber nacido, no recuerdo lo que me regalaron para mi primera Navidad y no recuerdo dónde fui en mi primer pic-nic. Pero sí recuerdo la primera vez que escuché la voz más dulce de todo el mundo.
-¿y hasta cuándo cree usted que
podemos seguir en este ir y venir del carajo?
Florentino Ariza tenía la respuesta
preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus
noches.
–Toda la vida.
-Mis labios, peregrinos ruborizados, quisieran hacer
penitencia con un dulce beso. Así quedan mis labios limpios de pecado por los tuyos.
-¿Entonces los míos tienen ahora el pecado?
-¿Pecado de mis labios? Me reprochas con dulzura, devuélveme mi pecado.
-¿Entonces los míos tienen ahora el pecado?
-¿Pecado de mis labios? Me reprochas con dulzura, devuélveme mi pecado.
-¿Lo lamentas? Yo no. No lamento nada de lo que he hecho, ni siquiera lamento quererte.






No hay comentarios:
Publicar un comentario