lunes, 25 de marzo de 2013

Adela. La extraña mañana



Escribir es una forma de explotar la creatividad de uno mismo. Hay muchas otras, claro. Como ya sabéis (porque lo he dicho por activa y por pasiva) me encanta hacer cositas creativas. Pero la inspiración no siempre llega cuando la esperas. Además, y haciendo alusión a mis queridos Beatles, I´m gonna try with a little help from my friends. Así que os propongo hacer un poquito de trampas en este ejercicio de creatividad.

¿No sería genial escribir una historia entre todos? ¿Cómo te gustaría que fuera TU historia perfecta?
No sé si será de esas que te cautivan desde la primera línea o si el hilo argumental llegará a tener algún sentido lógico. Tampoco puedo prometer que os gustará, si os hará reír o llorar. Lo que sí puedo decir es que será una historia creada a partir de ideas compartidas y, por tanto, con una buena dosis de cooperación.
Cada mes (y si nada me lo impide) os iré colgando partes de la historia y pidiendo más ideas a medida que se me acaben.

Y la historia empieza así...




Adela

Cuando esa mañana Adela entreabrió los ojos no era porque ya no tuviera sueño. Siempre ha sido de dormir muchas horas. Suele decir que no es que sea perezosa sino que le gusta soñar. Precisamente cuando estaba en el mejor momento de su fantasía el canto de un gallo le despertó. ¿Un gallo?, pensó. ¿Quién tendría un gallo en pleno centro de Barcelona? Todavía con las legañas amontonadas en los ojos pudo ver una sombra en la ventana, que estaba abierta por el sofocante calor que había estado haciendo durante todo el mes. Por la radio decían que era el verano más caluroso de los últimos diez años, aunque a ella todos le parecían igual de asfixiantes. ¿Por qué diablos sus padres no habían invertido en una casita cerca del mar? Si así fuera, no tendría que estar encerrada en aquel dichoso quinto piso en pleno mes de agosto y sin aire acondicionado. Si al menos le hubieran dejado ir de viaje a la India con su amiga… Los padres de Lucía eran otra cosa. Siempre le permitían hacer de todo. Según sus propias palabras, Lucía debía aprender de sus errores y, al fin y al cabo, siempre les había demostrado ser una chica responsable. ¡Pero Adela también era responsable! ¿No era suficiente haber aprobado el bachillerato, el científico, como sus padres querían, hacer de canguro del hijo mimado de los del cuarto cada tarde y cuidar de su gatita Enredos? Sentía que le trataban como si todavía fuera una niña. Pero ella soñaba con vivir aventuras, conocer mundo, probar cosas nuevas… 

Se frotó rápidamente los ojos para quitarse los restos de los sueños y allí le vio. De pie, en el marco de la ventana con aire de emperador. Efectivamente, era un gallo. Pero, ¿qué…? ¿Cómo…? ¿Quién…? Adela parpadeaba sin parar y sin conseguir entender qué estaba pasando. ¿Estaría soñando todavía? Miró a la derecha, hacia la mesita de noche, para ver la hora. Las diez de la mañana. ¿A qué gallo se le ocurre cantar a esas horas?, pensó. Y de pronto reparó en el sobre que estaba junto al despertador. Tenía su nombre escrito en letras azules. Seguramente allí estaban todas las respuestas a esa extraña mañana. Lo abrió entre entusiasmada y asustada. En su interior había un tarjetón blanco en el que sólo ponía “¿Preparada para la mejor aventura de tu vida?”. Nada más. Ni un nombre, ni una explicación, nada. ¡Espera! En la parte de atrás del tarjetón ponía algo en letras minúsculas. Aunque con un poco de dificultad consiguió leer “mira por la ventana”. Lentamente se levantó de la cama para dirigirse hacia el gallo. Descalza y con su pijama de verano de ositos iba dando pequeños pasos. No era el conjunto más adecuado para recibir a la mejor aventura de su vida, la verdad. Pero es que le encantaba ese pijama. Se lo había regalado su abuela cuando cumplió 17 años, hacía ya 11 meses. La abuela Pilar era de las de verdad. Cada viernes le llevaba natillas caseras, las mejores del mundo, le pellizcaba los mofletes cada vez que le veía y se empeñaba en peinarle los rizos con agua de Nenuco. Era su nieta preferida. La única. El pijama de ositos le recordaba a ella y le ayudaba a extrañarle un poquito menos. Ese cumpleaños fue el último que celebró junto a su abuela. Poco después el corazón de Pilar decidió dejar de latir. Fue una marcha rápida, sin dolor. El dolor sólo quedó en sus corazones. Si hubiera podido darle un último abrazo… Pero esa semana Adela estaba fuera. Era la última antes de volver al instituto y Lucía le había invitado a su casa de San Pol de Mar. Faltaba un día para volver a Barcelona cuando su madre le llamó. La echaba tanto de menos…

Adela iba dando palmas para ahuyentar al gallo, que seguía parado en el marco de la ventana como si nada. Lo intentó entonces con sonidos extraños y gañotas. Cuando ya casi estaba frente al animal, decidió salir volando. Sí, sí, volando. No es que Adela fuera la mejor en naturales, pero creía recordar que la profesora les había explicado que los gallos no vuelan, por lo menos no a una altura de un quinto piso. ¿Qué clase de gallo sería ese? Se había entretenido siguiendo el vuelo de la extraña ave y olvidó mirar hacia la calle para descubrir la sorpresa que le deparaba la mañana de ese peculiar sábado. Cuando bajó la mirada no podía creer lo que estaba viendo…

Continuará.

¿Qué vio Adela? (Pon en un comentario tu propuesta)

 Imagen de Qué mona! http://itsoops.blogspot.com.es/



 

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